clasismo, internacionalismo, socialismo

“Algo debe cambiar y la vía no se encuentra trazada por un desarrollo dentro de los marcos que nos ofrece el capitalismo. Ningún desarrollo en este marco garantizará las necesidades de los millones de niños, mujeres y hombres de América. Ninguna inteligente acción desarrollista-nacionalista que no ponga en juego la cuestión del poder para la clase obrera y el pueblo y la sustitución del capitalismo por el socialismo, garantizará esas necesidades.”

jueves, 1 de septiembre de 2011

Breve pieza tragicómica

Melodrama Para Perder

(Mirar Llorar Notar - Tirar)


“Hace décadas, en un pequeño reino, una poderosa organización tenía un plan para tomar el poder: era el plan Hipopótamo; también tenía otro plan, el Collar; y otro más, el Tatú y otros muchos, muchos planes más; planes de ocasión. Pero como todo es negociable...

Ahora, uno de aquellos jefes históricos gobierna el pequeño reino desde su quincho.

Cualquier similitud en esta historia con hechos y personajes reales no es ninguna coincidencia aunque sí una desgracia.”


Personajes:

Elustroso Felando Huidizo

Julius Marxenbaldes

Pepus Musticia

Lucrecia Laintrigansky

Malvicio Rostrostone

Rufus (espectro)

Rufito (hijo de... el espectro)

Centinelas: Bienblando y Mancebo


ACTO I

Escena primera


(En un amplio quincho, escasamente iluminado, Pepus y Lucrecia toman mate y escuchan una radio que transmite canciones populares; Julius camina con el Manifiesto en la mano y murmura; arrastrándose, entra en escena Elustroso)

Elustroso:

La vamos a encontrar; ¡la vamos a encontrar! Por más que se nos vuelva aguja en un pajar.

Lucrecia:

¿Ta cantando el Elustroso, Pepus?

Pepus:

No es de ahora, vieja.

Lucrecia:

Esa canción me suena, Pepus... pero no es lo que está de moda en la radio.

Pepus:

¡Elustroso! ¿Qué hacés, hermano?

Elustroso:

Estoy buscando una cosa, Pepus. La vamos a encontrar...

Pepus:

¿Se puede saber qué es, Elustroso?

Elustroso:

La estrategia, Pepus; la estrategia. Nos quedamos sin estrategia pero la vamos a encontrar.

Pepus:

¿Pero así, compañero? ¿Arrastrándose por el suelo le parece que la va a encontrar?

Elustroso:

Es la costumbre Pepus; años de costumbre.

(Entra en escena Julius, dando gritos y con una actitud destemplada)

Julius:

¡Lucha armada, lucha armada! ¡Pólvora, revolución, granada!

(Pepus ceba otro mate a Lucrecia y, enarcando las cejas, comenta por lo bajo)

Pepus:

Tibio y lavado...

Lucrecia:

¿El mate? Si recién lo preparé Pepus.

Pepus:

No vieja, no. Como te digo una cosa te digo la otra.

Lucrecia:

No entiendo, viejo.

Pepus:

Ya sé, Lucrecia; no importa.

Elustroso:

¡Julius! ¡Julius! El imperio se ha vuelto más agresivo; debemos aguardar que el proletariado asuma su papel en los países centrales.

Julius:

¡Lucha armada! ¡Lucha armada! ¡piedras, bazucas, granadas!

Pepus:

Ta dado vuelta...

Lucrecia:

Viejo; ¡te dije que recién lo preparé! ¿No me entendés?

Pepus:

¡No-ha-blo-del-ma-te! Traé unos bizcochos, Lucrecia, y no hay apuro; tomate tu tiempo.

(Lucrecia hace mutis por el foro)

Pepus:

¡A ver, ustedes dos! ¿Qué carajo les pasa?

Julius:

¡Hay que tomar el poder! ¡Lucha armada! ¡miguelitos, molotovs, granadas!

Elustroso:

El poder también puede ser des-construido... Aunque si vamos a tomar algo me anoto.

Pepus:

(susurrando)

Es lo que hay, valor...

(Fin de la primera escena)


Escena segunda


(Entra Lucrecia con una bolsa de bizcochos; Julius hace malabarismos con tres granadas)

Lucrecia:

¡Pepus! ¡¿Qué hace Julius?! Vamos a volar todos por el quincho.

Pepus:

No te preocupes vieja; dice que ya las probó y no funcionan.

Lucrecia:

Viejo, sé que parece mentira pero cada vez entiendo menos.

Pepus:

Dice que se está entrenando.

Lucrecia:

Pensar que antes íbamos a Libia y lugares así.

Pepus:

Viejita... andá a dar una vuelta por la quinta. Y no hay apuro; tomate tu tiempo.

(Lucrecia, otra vez, hace mutis por el foro)

Pepus:

¡Elustroso! Vení, arrimate un poco.

(Arrastrándose, Elustroso llega a los pies de Pepus)

Pepus:

Voy a confesarte algo, hermano, mientras el Julius acciona.

¿Sabés que todas las noches sueño y me despierto sudando y agitado en la catrera y después me cuesta un disparate dormirme de vuelta?

Elustroso:

A mí me pasa lo mismo, Pepus. Pero el mío es un sueño recurrente. ¿Con qué soñás, Pepus?

Pepus:

Depende, hermano, depende. Como sueño una cosa sueño la otra pero después me despierto y no hay caso; no puedo volver a pegar un ojo.

La otra noche, por ejemplo, soñé con Saravia.

Elustroso:

¡Aparicio! Debe ser una señal, Pepus.

Julius:

¡Aparicio! ¡Aparicio! ¡Lucha armada! ¡A las cuchillas, sable en mano, granadas!

Pepus:

Me está empezando a caer pesado...

Elustroso:

Dejalo; es puro método y lo que necesitamos es estrategia. Hablame de Aparicio.

Pepus:

¡Ma qué Aparicio ni qué ocho cuartos! Soñé con el que era senador y de repente resultaba que llegaba a presidente, Elustroso; ¿Te das cuenta? No pude dormir más.

Elustroso:

Ta jodido... ¿Y qué más soñaste?

Pepus:

A veces sueño que me cagaron a tiros.

Elustroso:

Los sueños sueños son...

Pepus:

(mirando hacia Elustroso con cierta molestia)

Otras veces sí que tengo pesadillas; sueño con Rufus. Sueño que aparece y me mira; serio, me mira.

Elustroso:

¿Y te habla?

Pepus:

Dice no me entrego; no me entrego.

(Silencio)

Elustroso:

Yo te entiendo Pepus. ¿Puedo contarte el sueño recurrente?

Pepus:

Contame.

Elustroso:

Sueño que voy a una tienda de mascotas.

Pepus:

¿Estás con resaca, Elustroso?

Elustroso:

Imposible, Pepus; para tener resaca hay que parar de tomar y yo...

Pepus:

¿Pero qué carajo es eso de la tienda de mascotas?

Elustroso:

Dejame contarte, Pepus. Voy a una tienda de mascotas y pregunto si tienen un hipopótamo, pregunto. Me dicen que tienen uno; me lo traen. Cuando lo miro... no sabés, Pepus. ¡Me entró una emoción!

Pepus:

¿Vos estás bien, Elustroso? Me parece que no quedaste bien.

Elustroso:

Escuchame. Cuando veo el hipopótamo casi lloro; era enorme, precioso. Hasta un collar tenía; un collar con cuentas de colores. Dije: ¡Me lo llevo!

Julius:

¡Rinocerontes! ¡Rinocerontes! ¡Lucha armada! ¡Tatú, insurrección, granada!

Pepus:

Por qué mierda habrá dejado la carpintería...

Elustroso:

Escuchame a mí, Pepus. Me lo llevé; salió carísimo pero yo dije: después se lo vendo a cualquiera y me hago unos mangos en el pasamano pero mientras, Pepus... ¡Pepus! No sabés.

Pepus:

Hacela corta, Elustroso.

Elustroso:

Yo me subía al hipopótamo y desfilaba por 18; la gente desde los balcones y las veredas me aplaudía, me ovacionaba, me arrojaba flores, guirnaldas y así, bajo palio, llegaba hasta la estatua de Artigas; me bajaba del hipopótamo y me subía a babuchas de Don José, me subía.

Pepus:

¿Y el hipopótamo?

Elustroso:

Se lo cambié a un blandengue que bajaba la bandera; me dio una petaca.

Pepus:

¿Y el collar?

Elustroso:

Me lo tuve que meter en el culo pero qué importa; a esa altura... Digo: desde esa altura.

Pepus:

¿Y después?

Elustroso:

Después me bajaba; ¡pero la plaza estaba tan florida!

Pepus:

Andá a la quinta a ver si encontrás a la Lucrecia; y tomate tu tiempo; o lo que quieras... no hay apuro.


*


Acto II

Escena primera


(Entra Lucrecia seguida , al rastro y al rato, por Elustroso)

Lucrecia:

¡Pepus! ¡Viejo! Los centinelas han visto una sombra; han visto...

Pepus:

La cagué; el Elustroso los convidó con algo.

Lucrecia:

No, Pepus, te juro; yo no vi nada pero los centinelas...

Pepus:

¿Qué vieron esos?

Lucrecia:

Dicen que una sombra; un espectro.

Julius:

¡Lucha armada! ¡Lucha armada! ¡Comunismo, liberación, granadas!

Pepus:

Dale al Julius una que explote... pero antes decime algo, en serio: ¿Elustroso los convidó con algo?

Lucrecia:

¡Pepus! Elustroso va cuando yo vine; se arrastra. ¡Lo sabés, viejo!

Pepus:

¡Llamá a los centinelas! Y andá a preparar algo pa la cena; tomate tu tiempo. No hay apuro.

Lucrecia:

¿No te interesa escuchar lo que me dijeron?

Pepus:

Andá a hablar con Julius; tomate un rato. No hay apuro, dije. Si no querés cocinar llamá al delivery, llamá.

Lucrecia:

No entiendo...

Pepus:

Andá Lucrecia; andá.

(Lucrecia, una vez más, hace mutis por el foro)

(entran dos centinelas: Bienblando y Mancebo)

Bienblando:

¡Eminencia! ¡eminencia! ... ¡He; minencia! ¡Musticia!

Pepus:

¡Santo y seña!

Centinelas a coro:

¡Tatucera y torta frita!

Pepus:

(susurrando)

Solo yo...

(gritando)

¡Por el culo y servilleta!

Mancebo:

Eminencia; hemos visto una sombra...

Pepus:

Soy todo oídos; díganme...

Centinelas a coro:

Me... ¡mee!

Pepus:

¿¡Me están jodiendo!?

(entra Lucrecia)

Mancebo:

Eminencia; con respeto. Hemos visto un espectro.

Lucrecia:

Sería Elustroso, sería.

Pepus:

¿Que han visto qué?

Centinelas a coro:

¡Un espectro! ¡un fantasma!

Julius:

¡Lucha armada! ¡lucha armada! ¡Recorre el mundo! ¡organización, internacional, granada!

Pepus:

¡Basta! ¡basta! Lucrecia: hacé lo que te pido; y si no... mutis por el foro.

Lucrecia:

¿Y yo qué hice?

Pepus:

Y vos: ¡Julius! Dejate de joder que la cosa está salada.

Julius:

(totalmente fuera de sí y blandiendo el Manifiesto)

¡Lucha armada, lucha armada! ¡mueran Gramsci y Feuerbach!; Hipótesis, tesis y antítesis. ¡Al brumario Bonaparte! Ho Chi Min y Tao Te King... muera Moscú; muera Pekin; muera Cuba, por las dudas, y también muera Fidel. ¡Lucha armada, lucha armada, chau Pinela y la ortodoxia! Y si sobran otras cosas... ¡lo que falta es por hacer! ¡Lucha armada, lucha armada! ¡A la guerra, a la bomba, a la granada!

(jadea)

Pepus:

Lo único que me falta es que ahora aparezca Malvicio y estamos todos.


*

Acto III


Escena primera


Pepus:

A ver, centinelas; díganme qué vieron; con calma y de a uno.

Bienblando:

Un fantasma, eminencia.

Mancebo:

Para mí que era un espectro.

Bienblando:

Sin embargo tenía forma de fantasma, tenía.

Mancebo:

Era un espectro, Bienblando.

Pepus:

Si era bien blando entonces era un fantasma.

¿Qué hacía?

Centinelas a coro:

Miraba para el quincho y se agarraba la cabeza.

Pepus:

¿Y tenía aspecto reconocible?

(Bienblando y Mancebo se miran y dudan)

Pepus:

¡Respondan! ¡No sean nabos!

Centinelas a coro:

Igualito al Rufus, eminencia; igualito.

Pepus:

¡Salgan y vigilen!

(susurrando y tomándose la cabeza con ambas manos)

Agarrate Catalina...


(Fin de la primera escena)


Escena segunda


(Anunciándose, con las palmas, ingresa al quincho Malvicio Rostrostone)

Malvicio:

Que qué hacés, Pepus ¿co cómo andás?

Pepus:

Mal pero acostumbrado; viniste sin avisar, Malvicio.

Malvicio:

¿Mal mal momento?

Pepus:

No... ¡bárbaro! Ahí tenés al Julius en acción directa; la Lucrecia en babia, como siempre; el Elustroso haciendo surcos por ahí y de remate los centinelas me dicen que vieron un fantasma igualito al Rufus, igualito. Y ahora llegaste vos. Falta que aparezca Danilus con algún impuesto nuevo y otro video en interné y cartón lleno.

Malvicio:

Yo yo venía para mostrarte el libro que que acabo de terminar, Pepus.

Pepus:

¿Otro cuento más, Malvicio?

Malvicio:

No es cuento, Pepus. Es puro teatro.

Pepus:

Si lo escribiste vos da lo mismo, Malvicio. ¿Cómo se llama?

Malvicio:

Los ilícitos económicos en en clave Morse y las las volteretas afuera de un aljibe.

(reptando, entra Huidizo; atrás Lucrecia... es tan lenta...)

Elustroso:

Sé que no me van a creer pero afuera hay una sombra; un espectro. Un fantasma.

Lucrecia:

Se multiplican, Pepus. ¡Se multiplican!

(Pepus mira a Lucrecia de una manera lastimosa)

Lucrecia:

Ya sé; me voy.

(Otra vez más, Lucrecia hace mutis por el foro)

Julius:

¡Gigante bobo! Gigante bobo! ¡Lucha armada, lucha armada! ¡honda, chumbito, granada!

Pepus:

¡Los tres!; vayan a tomar algo; no se les ocurra volver enseguida.

(Velozmente, incluso Huidizo, que se contorsiona, hacen mutis por el foro con rostros de satisfacción)

Pepus:

(a solas y en un susurro)

Voy a llamar a Rufito para que encare a la sombra; espero que le dé la nafta, espero.


*

Acto IV


Escena primera


(afuera del quincho aguardan centinelas; salen Pepus y Rufito que ha llegado rapidito)

Centinelas a coro:

¡Eminencia, eminencia! Ya se acerca la presencia.

(aparece la sombra; con un gesto llama a Rufito; éste acude; donde lo llaman, acude)

Rufito:

¡Papi, papi del alma!...estás hecho un espectro.

Rufus:

Hijo... hijo de... vos estás hecho un fantasma. Y ellos... ellos, son innombrables.

Rufito:

Así les llamaban antes, papi.

Rufus:

He venido hasta aquí porque ha llegado la hora de la venganza; deberás elegir si renuncias a mí, definitivamente o, en cambio, serás mi instrumento.

Rufito:

Papi, todos me piden lo mismo; yo así no puedo.

Rufus:

¡Callate y escuchá!

Rufito:

¿Viste? Todos me dicen lo mismo; yo así no sé.

Rufus:

¡Basta! Es hora que asumas tu papel; deberás poner mucha energía en esta industria.

Rufito:

Bueno, yo en los papeles estoy en industria y energía.

Rufus:

No hables más, te lo pido; sólo escuchame y hacé exactamente lo que te voy a decir.

(Rufito asiente; está preparado para eso. Pepus y los centinelas observan a la distancia sin oír el monólogo que acontece)


(Fin de la primera escena)


Escena segunda


(Rufito se acerca a Pepus con semblante confuso)

Pepus:

¿Decime, Rufito... ¿era él?

Rufito:

Mismo...

Pepus:

¡¿Qué te dijo?! ¡Decime!

Rufito:

Que las papas queman, que meta huevo, que la revuelva y que haga algo.

Pepus:

Carajo... ¿Y qué vas a hacer?

Rufito:

No tengo otra alternativa que seguir su consejo.

Pepus:

¿Nos dejás, Rufito?

Rufito:

Y sí; me voy a casa a hacer la tortilla que me pidió papá. Nos vemos mañana.

Pepus:

(en un casi inaudible susurro)

No sos normal...


*

V y último Acto


Escena primera


(Los centinelas permanecen afuera; Pepus se halla otra vez en el quincho; han regresado Huidizo, Julius y Malvicio; ingresa Lucrecia con la cena pronta)

Lucrecia:

¡A la mesa! Vamos que se enfría.

Pepus:

¿Qué preparaste, Lucrecia?

Lucrecia:

Para vos y para mí una pulpita jugosa; para el resto falda pero les decimos que es asado y ya está.

(Se acercan Huidizo, que se instala a los pies de Pepus; Julius y Malvicio, que toman asiento a los lados; Pepus ocupa la cabecera; Lucrecia sirve la comida y toma su lugar frente a su esposo)

Elustroso:

¡La encontré! ¡la encontré!

Pepus, Julius y Malvicio a coro:

¡¿La estrategia?!

Elustroso:

No; la carne. Entre la grasa y los huesos la encontré; ¡La encontré!

Pepus:

(Con su rostro ensombrecido y luego de un largo silencio, cosa rara, dice)

Hagamos un pacto.

Lucrecia:

¿No estaba hecho hace rato?

Pepus:

Terminá de comer y andá a lavar los platos; dejame con estos tres que tenemos que hablar en serio.

(La cena transcurre en silencio; finalmente Lucrecia hace mutis por el foro, por última vez)

Pepus:

Escúchenme los tres; hay que refundar el reino; si nos tenemos que tragar sapos y abrazarnos con las culebras no importa. Necesito alguien que se encargue de hacer un plan.

Elustroso:

¡A mi juego me llamaron! Me ofrezco como voluntario, Pepus.

Pepus:

Tenés cuarenta y ocho horas; ¿tenés claro lo que quiero, hermano?

Elustroso:

¡Un plan! ¡un plan para refundir el reino!

Pepus:

¡Huidizo!; dije refundar, no refundir.

Elustroso:

Ah... paso.

Pepus:

Andá a tomar aire, Elustroso; no hay apuro para nada. Tomate tu tiempo.

Elustroso:

Me llevo la botella, me llevo.

(Huidizo se dirige hacia el exterior; al llegar afuera dice, en voz alta, a los centinelas)

Elustroso:

¡No disparen! Soy Huidizo...

Centinelas a coro:

El que toma y no convida tiene un sapo en la barriga.

Elustroso:

Ni en pedo; la yatebo en mía.

Centinelas a coro:

Recibirás tu merecido.

(Dicho esto pisan, patean y escupen los restos de Huidizo y huyen hacia la oscuridad; la Sombra observa y sonríe)


(Fin de la primera escena)


Escena segunda


(En el quincho, Pepus, Julius y Malvicio, discuten acaloradamente)

Pepus:

¡Yo soy un derrotado por Harvard pero no me banco la idea de que el Saravia llegue a presidente y menos que menos que el que te dije vuelva en el 2014; ¡Quiero un plan!; los escucho.

Malvicio:

Ha hablá con La La Larañaba y y hacemos el frente gra grande, hecemos.

Julius:

¡No! ¡no! Tenemos que volver a las fuentes. ¡Lucha armada! ¡lucha armada! ¡dialéctica, insurrección granada!

Malvicio:

E esa película ya la vimos, Julius. Ahora te tenemos que ser tácticos, tenemos.

Julius:

¡Armas tácticas! ¡armas tácticas! ¡tecnología, face buk, granada!

(Pepus mantiene su cabeza contra la mesa y se la agarra a dos manos; la cabeza)

Malvicio:

¡No Ju Julius! El arma es es la cultura, la hege hegemonía.

Julius:

¡Reformista! ¡reformista! Tu cultura es la revista; ¡documentos, documentos! ¡coordinador, clandestinidad, granada!

Pepus:

(Con el rostro desencajado y con la paciencia agotada, grita)

¡De-jen-sen-de-jo-der! ¡Va-yan-sen-pa-fue-ra! ¡Carajo! ¡Nabos! ¡quiero una solución no más problemas! Tienen media hora pa volver con el plan y si no, ¡no vuelvan!

(Malvicio y Julius hacen mutis por el foro: afuera no encuentran rastros de los centinelas, ni de la estrategia, ni de las soluciones, ni de un plan; sólo unos restos difusos en el piso)


(Fin de la segunda escena)


Escena tercera y última


Monólogo de Pepus:

(puede ser transmitido por radio tres veces al día pero aún así es un monólogo)

Compatriotas, contertulios, compañeros; nos encontramos frente a una coyuntura difícil pero a la vez facilísima. Tenemos que caminar y esperar que aclare para que el camino que esperamos sea claro como la espera que nos aguarda al final del camino que no vamos a andar porque es de sabios quedarse donde uno está cuando no tiene idea ¡de pa-don-de-tie-ne-que-ir! Es simple. No hay dificultad que no podamos superar si nos juntamos todos para seguir separados para que podamos estar unidos ¡más-tem-pra-no-que-tar-de!

Contertulios, compatriotas, compañeros: Lo importante es ¡la-u-ni-dá! Y si pa mantener la unidá nos tenemos que dividir en cien, mil, un millón de-pe-da-zos, ¡lo-va-mos-a-ha-cer!

Nos vienen a convidar a arrepentirnos; ¡a nosotros, contertulios! ¡justo a nosotros! Ya nos hemos arrepentido hasta de habernos a-rre-pen-ti-do y ¡de-e-so-tam-bién!

Nos vienen a convidar a tanta mierda; ¡justo a mí, compatriotas! ¡a Pepus! Ya estoy hasta la coronilla na-dan-do-en-mier-da; pero es el abono de la refundación del reino, compañeros.

(afuera se escucha la detonación de una granada)

(Pepus piensa; todos tienen derecho a equivocarse; hasta Julius)

¡Compañeros, contertulios, compatriotas!

Una luz puntual nos ilumina al final del camino; habrá que pagar la factura, que cada vez es más alta. Pero queridos contertulios, compañeros, compatriotas... qué importa una factura más ¡si-ha-ce-ra-to-que-so-mos-bo-le-tá!

¡Queridos con tertulios, patriotas, ñeros! La patria, la de Artigas, ¡la-va-mos-a-en-con-trar!

Por más que en esas pajas sea cuestión de azar.


Cae el telón


(Pepus continúa hablando, hablando, hablando...)

(Se escuchan sirenas; afuera, una sombra se toma la cabeza y murmura: no me entrego... no se entreguen)

(Otras sombras se multiplican; una a una suman diez; diez a diez, cientos; ciento a ciento, miles)

La Sombra crece; y sonríe.

¿FIN?



Mengueche

Perdonen que yo sospeche


(Puede reproducirse, publicarse, interpretarse, pasarse de mano en mano, de correo en correo, boca o boca u hoja a hoja; siempre citando la fuente: “Mengueche”)

Ablando de oja... Me voy a tomar un Hoja de Otonio, me voy; ya vendrá la primavera ques inesorable, es.

Rapidos apuntes para conocer al enemigo sin temerle: El terror en los tiempos del "nanoarmamento"

Triunfan aquellos que
saben cuándo luchar y cuándo no.

Sun Tzu *1

Es el factor humano y no los recursos militares
los que deciden la guerra.

Nguyen Giap *2

El físico norteamericano Richard Feynman [3], el 29 de diciembre de 1959, en el marco de una conferencia dictada en la "American Physical Society" abordó, con clarividencia inusitada, los verdaderos alcances de la manipulación de la materia a escala atómica. Tituló su exposición así: "Hay mucho sitio en lo más hondo".
Seguramente no se refería a lo relacionado con la ilimitada capacidad destructiva del inframundo mental de los halcones del imperio mundializador y asesino de hoy. Sin embargo esa hora ha llegado y no es ficción sino ciencia; ya no son teorías sino hechos.

La ciencia y la tecnología, como producto cultural, no son nunca elementos disociados de un posicionamiento ideológico, político y ético; son, como toda elaboración humana, expresión concreta de una concepción del mundo. La ciencia en sí favorece las premisas para una elaboración tecnológica y ésta se orienta en el sentido de los intereses de la clase que la controla en el marco de explotación que las relaciones de producción, en el seno del sistema, propician.

En la última década, el desarrollo de estas tecnologías en el campo de la guerra se ha profundizado de manera inimaginable, haciendo palidecer, incluso, las más fantasiosas elucubraciones de los guionistas hollywoodenses y dejando en el escenario de lo obsoleto lo que ciertos filmes bélicos nos muestran desde las pantallas.

En principio cabe detallar, someramente, qué es la nanotecnología como desarrollo y aplicación práctica a las estructuras y sistemas en escala nano [4]; en tal sentido es interesante señalar que el término "nanotecnología" es acuñado en la segunda mitad de los setenta por Nomo Taniguchi [5] en vinculación con la fabricación y manipulación de elementos a partir de diferentes capacidades en la precisión de dichas prácticas. Sugirió, con aproximación aceptable, que a partir del año 2000 la producción de piezas con tecnologías habituales daría paso a otras instancias superiores donde los niveles de ultraprecisión superarían la capacidad de concepción y manipulación de productos tecnológicos hasta cien veces menores (en relación a su tamaño).

En vinculación con la industria armamentista, estas tecnologías permiten y permitirán a quienes las posean, las controlen y las desarrollen, una ventaja estratégica fundamental en el campo del armamento, que no es igual a decir que posean una ventaja en la guerra como proceso. Esta ventaja, en directa vinculación con el poder económico y el grado de desarrollo de las investigaciones, favorecerá -una vez más- a quienes detentan un poder que se retroalimenta desde diversas áreas en un círculo ascendente que coloca, otra vez, a los países dependientes y a los pueblos del mundo en una posición incómoda. De igual modo, los Estados Unidos no son ni por asomo la única potencia que está invirtiendo fuertemente en el desarrollo de estas tecnologías; China, por citar un protagonista importante de la geopolítica mundial, no sólo está investigando seriamente sino que destina para ello más científicos e ingenieros especializados en la materia que el propio imperio norteamericano. India es otro activo agente en el desarrollo de estas investigaciones, y en la Comunidad Europea se comienzan a definir y propiciar, desde algunos gobiernos, importantes partidas de dinero a distintos organismos públicos y privados para la investigación nanotecnológica en su vinculación con el armamento y la guerra. [6]

Espías omnipresentes, armas autónomas, soldados inteligentes; todo es posible en esta dimensión desconocida

La nanotecnología y las "nano-armas" dotarán a las guerras del futuro de una dinámica diferente a las habituales y que hemos conocido en los siglo XIX y XX; sin lugar a dudas, estas guerras provocarán efectos infinitamente más extraordinarios y dañinos (aunque muchas veces invisibles) que los que pudieron resultar del armamento convencional, del atómico, del químico y del bacteriológico. Las "nano-armas" son la quintaesencia de la dominación militar; son y serán, si cabe la paradoja, ya no armas inteligentes sino "pensantes", en un sentido cuasi literal.

En este plano y desde un terreno multidisciplinario, cabe comprender que, el control de las tecnologías para trabajar a escala nanométrica implica, en la hora actual, la capacidad de combinar e imbricar elementos tecnológicos y biológicos a nivel celular, lo que significa, en este campo, que estamos hablando de la generación de nuevos elementos y por ende, tejidos y seres que ya son, desde su conformación híbrida, una supra especie ya no biológica o tecnológica sino bio-tecnológica con capacidades especiales e impuestas desde su concepción por los científicos que generan estas instancias. Es esta síntesis biológico-tecnológica no nueva ni reciente pero, combinada con la capacidad de la manipulación a escala nano y enmarcada en la estrategia militar, significa un verdadero salto cualitativo descomunal e inconcebible más allá de la valoración ética que pueda hacerse al respecto.

El "Gran hermano" de Orwell, perfilado en su novela "1984", es un simple juego de niños en lo que atañe a la vigilancia y el control del individuo y los grupos sociales en comparación con lo que ya sucede y lo que nos depara el futuro inmediato. Estos aspectos clave en lo militar (la vigilancia y la prevención) son unos de los más visiblemente desarrollados hasta ahora; sin embargo, en virtud de las posibilidades que ofrece la nanotecnología, las formas actuales de vigilancia son obsolescentes en relación a las nuevas estrategias trazadas.

En este aspecto, y sólo por citar algunas cuestiones generales, podemos mencionar las investigaciones del "New Jersey Nanotechnology Consortium" [7], fundado a comienzos del milenio por Lucent Technologies y los laboratorios Bell; este centro de investigación está desarrollando importantes planes en el campo de la defensa estratégica con tecnología híbrida a escala nano. En esta materia se ha avanzado en dotar a las estaciones terretres de observación y a los satélites orbitales, de mayor capacidad combinada de operatividad y performance; para ello se trabaja en la generación de sensores para control del cielo, la tierra y el mar con lentes que desarrollarían dinámicas similares y superiores a las del ojo humano. De igual modo se están desarrollando nanosensores olfativos y auditivos; en el primero de los casos se trabaja en prototipos que tienen la misma capacidad olfativa que los perros y, en el segundo de los casos, en nanomicrófonos que eliminan sonidos de fondo y seleccionan el elemento a escuchar, aún en un campo de batalla.

En el terreno de la prevención y la contraofensiva cabe expresar que las investigaciones y el desarrollo de prototipos también se encuentra avanzado a niveles alarmantes; podemos concebir, sin temor a error, que se estén desarrollando patrullas de vigilancia nanorobóticas a ser lanzadas en un terreno de operaciones determinado con capacidad de obstruir las telecomunicaciones del "enemigo" y dejar inerme toda la logística electrónica vinculada a su defensa. Se concibe como probable y posible, también, que se estén desarrollando nanopartículas biotecnológicas inteligentes que se introduzcan en el cuerpo de "elementos hostiles" y permanezcan en estado de latencia hasta que puedan ser activadas por una señal específica.

Más allá de nuestra incredulidad, cabe analizar que, si estas informaciones están de manera relativa a nuestro alcance, la realidad concreta debe haber avanzado a puntos más "altos" en este terreno. La creación de una interfaz tecno-biológica, capaz de conseguir que un arma reconozca a su dueño y sea operativa sólo bajo su mando (cual si fuera un perro amaestrado), es otra área de trabajo ya abordada; mal que nos pese.

Manipulados, controlados y dirigidos a distancia

La clase dominante, amén del poder que le brinda la riqueza expropiada y la superestructura construida para preservar dicha realidad, cuenta -debemos saberlo- con científicos mercenarios y mentes afiebradas capaces de concebir las más aberrantes formas de control de los ciudadanos.

Un sujeto paradigmático de esta capacidad, rayana en lo anormal, para negar la esencia humana es el neurofisiólogo José Delgado, de origen español y residente desde la década del 50 en la sede imperial; fue en un periodo Director de la Escuela de Medicina de la Facultad de Yale, antro -elitista si los hay- del cual surgen muchos de los cuadros intelectuales y científicos de la bestia en celo.
Este sujeto tuvo, tempranamente, la bonita idea de crear una sociedad cibernoide mentalmente controlada; a este engendro le llamó sociedad "Psico-civilizada". Dijo, y existe documentación diversa al respecto, lo siguiente: "Necesitamos un programa de psico cirugía apto para el control político de nuestra sociedad. Nuestro objetivo debe ser el control físico de la mente. Cada individuo que se desvíe de la norma rectora puede y debe ser mutilado quirúrgicamente". Agregaba con proverbial sutileza: "El hombre no tiene derecho a desarrollar su propia mente. Debemos controlar eléctricamente el cerebro."

Permítasenos repetir que este individuo fue promovido a una responsabilidad de doctorado en una de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos de Norteamérica; esto no es casual ni antojadizo.

Este aspecto del trabajo de intervención mental (verdadera lobotomía proactiva) ya está en marcha. Se implantan chips en el cerebro, los cuales actúan induciendo y/o interfiriendo artificialmente al individuo en cuestión. Ya se está trabajando este aspecto en instancias de hibridación a escala nano a nivel neuronal a efectos de evitar implantación de chips tradicionales y utilizar el propio sistema nervioso del individuo en cuestión (nano-adaptado) como garantía de su propia anulación como ser pensante. Abominable pero cierto; como el sistema de dominación que lo posibilita.

¿En el terreno de las hipótesis?

Imaginemos una campo de batalla: ¿América?; elijamos una región: ¿el Cono Sur? Aceptemos como buena la hipótesis de un estallido social y de un proceso combinado de lucha guerrillera urbana y rural junto con una situación revolucionaria; imaginemos el cuartel general de la revolución y a su estado mayor debatiendo la táctica para el asalto a la fortaleza enemiga y el golpe de gracia al lacayo de turno.

El comandante UNO, sobre la mesa (en una tienda de campaña o en un oscuro sótano de algún perdido poblado suburbano), agita sus brazos, ordena, requiere y gesticula. A su lado, la plana mayor del ejército revolucionario estudia mapas, rutas de ataque y de repliegue; comunica partes de batalla y recibe información interceptada al enemigo. Sobre ellos un molesto insecto revolotea, zumba y fastidia; los manotazos al vacío intentan despachar a esa pequeña mosca molesta.

En algún lugar del imperio, frente a una pantalla de algún súper ordenador de última generación, ese insecto con un único par de alas, se observa activo. Sus ojos, conformados con hasta 4.000 facetas, vuelcan imágenes recogidas por una "bio-tecno-nano-cámara" integrada a su organismo. El Departamento de Estado corrige tácticamente su plan de trabajo. Un miliciano rebelde, con un golpe seco, aplasta al molesto insecto sobre la solapa de su uniforme verde oliva. El imperio tiembla.

Corolario

No hay imperios invencibles; cayó Roma, fue derrotado Napoleón, sucumbió la bestia nazi frente al coraje del pueblo soviético y el ejército rojo; venció Viet Nam y venció Cuba. Ningún imperio puede vencer ante una guerra prolongada de todo el pueblo; el imperio no resiste una lucha de guerrillas en terreno hostil durante mucho tiempo; el imperio es un centro de mando y unas fuerzas bélicas en un terreno de operaciones determinado pero su fortaleza militar se ve disminuida por la escasa o nula fortaleza ideológica de sus soldados y por la escasa o nula cohesión existente entre su mando y su propio pueblo.

Los pueblos en lucha, dialécticamente enlazados a las vanguardias político-militares, han sabido vencer siempre a los opresores, aún en el marco de evidente desventaja tecnológica en el plano militar. Así será.



NOTAS:

[1] Sun Tzu, general chino que vivió alrededor del siglo V (aC). La colección de ensayos sobre el arte de la guerra, a él atribuida, es el tratado más antiguo que se conoce sobre el tema. A pesar de su antigüedad sus conceptos siguen manteniendo vigencia.

[2] Vô Nguyen Giap (1945-1980), general y ministro de Defensa vietnamita y figura destacadísima en la victoria militar de Vietnam. Experto en la táctica de guerra de guerrillas, planificó y dirigió las operaciones contra los franceses que culminaron con la derrota de éstos en la batalla de Dien Bien Phu . En la década de 1960, Giap supervisó las operaciones guerrilleras contra Vietnam del Sur y Estados Unidos y planificó la ofensiva final (conocida como del Tet) en 1968, la cual significó un tremendo golpe psicológico para los norteamericanos.

[3] Richard Phillips Feynman (1918-1988), físico y premio Nobel estadounidense, nació en Nueva York y estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y en la Universidad de Princeton. En 1942 Feynman participó en los preámbulos del proyecto Manhattan, el programa de desarrollo de la bomba atómica de Estados Unidos. Prosiguió este trabajo durante la II Guerra Mundial en el laboratorio de Los Álamos en Nuevo México. Desde el 45 hasta el 50 dio clases de física en la Universidad de Cornell. En 1950 fue profesor del Instituto de Tecnología de California. Compartió el Premio Nobel de Física del año 1965 con el estadounidense Julian S. Schwinger y el japonés Shin'ichirō Tomonaga. Feynman fue nominado por su investigación de la transformación de un fotón en un electrón y en un positrón, y el descubrimiento de un método para medir los cambios producidos en la carga y en la masa. Tuvo un papel relevante en la comisión que investigó la explosión de la lanzadera espacial Challenger en 1986.

[4] Nano (1 nanómetro, nm, equivale a 10-9 metros).

[5] Nomo Taniguchi ( científico japonés).

[6] "Plan (español) Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 20004 - 2007", versión en formato PDF (Área Seguridad y defensa, páginas 104 a 108) en internet.

[7] New Jersey Nanotechnology Consortium, en internet (www.njnano.org)

jueves, 7 de octubre de 2010

8 de Octubre

Cuántas marchas
debemos caminar
para entender
que todo está más lejos.

Cuántos discursos
tenemos que decir
para entender
que son sólo palabras.

Cuántos ensayos
habremos de escribir
para entender
que la teoría no alcanza.

Mientras tanto, en la plaza,
mis hermanos y los tuyos
duermen con sus perros
sobre el suelo bajo el cielo.

En las esquinas los niños,
mis hijos y los tuyos,
hacen juegos malabares
por sonrisas ausentes y monedas.

En los montes ardidos,
mis hermanos y los tuyos
arquean la espalda
por un hambre segura e infinita.

En los arrozales infames
mis hermanos y los tuyos
hunden las piernas hasta el alma
de la oligarca patria inmaculada.

En la periferia de cartones y hojalata
mis hermanos y los tuyos
viven en un margen satisfecho;
colgados, conectados, olvidados.

En la escasa fábrica reliquia
mis hermanos y los tuyos
marcan tarjeta a diario
y son agujas que caminan ciegas.

Cuando la ortodoxia es una puta hereje
y la doctrina es una mercancía
siempre resucita algún cadáver
y nos invita a reinventar lo viejo.

Entonces rescatan un afiche ajado,
una foto sepia, una escarapela
e improvisan urgentes encuentros sin cabezas
simulando debates con la boina vacía.


Y te llaman Che faltándote el respeto
y te dicen Ernesto los que no te conocen
y te nombran comandante los que no te sienten
y todos te invocan aunque no te aman.

Mientras tanto, por ahora,
yo sólo escribo, Guevara, y te digo:
perdonanos porque nada hacemos por nosotros
y ese sí sería un homenaje serio.

Arderán facsímiles banderas imperiales,
se volcarán lejanas vallas;
tal vez alguna piedra llegará a destino
aunque estas no alcanzan y tampoco las proclamas.

Guevaristas somos todos.
El presidente, el diputado, el policía;
el estudiante, el jubilado, el proletario;
el funcionario, el lumpen y el cadete.

Guevarismo posmoderno y aggiornado
de twitter, facebook, web y blog;
de remera, barra brava y rock and roll
sin Galand, sin FAL, sin AK, sin corazón.

Continuamos hilvanando ausencias
y los gerontes renegados pontifican
y los gerontes reciclados pontifican
y los teenagers radicales pontifican.

En esta tierra sólo queda escombro,
algún madero viejo, casi nada en pie;
quizá alguna memoria resistente
maniatada por mentiras asumidas.

El ego va delante, atrás la gente;
el movimiento es centro de un agujero negro
y todos acudimos a la gimnasia autista
de la convocatoria en fecha repetida.

Ocho de octubre vicario sonsonete,
recitado mantra mentiroso.
Guevara, te moriste, te mataron;
te matamos a diario entre nosotros.